CANDIDATO RUBALCABA. JAVIER CASQUEIRO (PERIODISTA)

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No era un día fácil para el nuevo candidato. Ni siquiera para Alfredo Pérez Rubalcaba, seguramente uno de los políticos más contrastados de España. El propio orador lo admitió nada más comenzar, como para exorcizar sus nervios. R de relajado. Pero él dijo que no lo estaba, parafraseando la R de reposado que decía el vídeo de presentación. No era fácil porque lo de ayer no era exactamente un mitin, tampoco un acto interno del partido, ni un debate en el Congreso de los Diputados, ni mucho menos un encuentro frenético de campaña electoral. Era su discurso de Estado, a la nación, de proyecto de país. Una tesis completa, de 70 minutos, sobre cómo ve Rubalcaba el presente y la salida para España.

Uno de sus escasos puntos flacos tiene que ver precisamente con la alta consideración que tiene de sí mismo. No encuentra rivales de su nivel enfrente, ni entre los periodistas ni en la oposición. Y a veces se relaja demasiado. Lo ve fácil. Se confía. Le ha pasado alguna vez en el Parlamento. Por eso no da entrevistas para los periódicos. Pero ayer no se relajó nada. Se presentía en su cara su sentido de la responsabilidad. Lo tenía todo concienzudamente pensado, cuadriculado, planeado. Es un maniático de las formas. Todo bajo control. Ha estado 10 días encerrado en su despacho y se ha dejado asesorar poco. Generó demasiada expectación, incluso en el actual presidente del Gobierno, que ayer transmitió a sus allegados que su sucesor había superado esas expectativas.

Hace 11 años, en julio de 2000, en el XXXV Congreso del PSOE, los delegados desengañados por la derrota de Joaquín Almunia arriesgaron y optaron por la aventura del zapaterismo. Por nueve votos bien pergeñados aquella madrugada por José Blanco en las tinieblas de un guerrismo en decadencia. Zapatero miró con sus ojos limpios a las cámaras y a sus rivales (ahora parece increíble: José Bono, Rosa Díez y Matilde Fernández), se dirigió al auditorio y les exhortó a creerse que no estaban tan mal, aunque acababan de perder. Pero aún conservaban muchos feudos locales. Ahora ni eso. Al PSOE apenas le queda nada que preservar. El futuro es muy incierto. Y Rubalcaba no quería ayer soltar ninguna soflama. Quiso parecer creíble, su punto más débil, tras tantos años instalado en el poder. Se vistió de profesor y desgranó sus ideas. Bien estructuradas y ordenadas. Largo y denso, pero bien explicado. Ese será el tono y estilo también de la campaña. Por no haber no habrá enfrentamientos dialécticos brutales con el PP y Mariano Rajoy, a los que ayer no quiso citar premeditadamente.