SOCIALDEMOCRACIA "MADE IN USA"

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EL PAIS.

El proceso de primarias para las elecciones de medio mandato de este noviembre en Estados Unidos está transformando el discurso interno de un Partido Demócrata que aún busca su razón de ser después de perder dos veces contra un personaje como Donald Trump. La última rebelión de las bases del partido contra sus rostros habituales se produjo este miércoles en las primarias para elegir candidato a senador por Míchigan, la competición de más alto nivel hasta ahora. Por un estrecho margen, el candidato será Abdul El-Sayed, de 41 años, hijo de inmigrantes egipcios, musulmán e izquierdista. Su victoria, con todo el establishment tradicional demócrata en contra, es una poderosa sacudida que ha desplazado el eje de rotación del partido.

Cuando el senador independiente Bernie Sanders desafió a Hillary Clinton en las primarias de 2016 con un discurso izquierdista, el partido descubrió que el caladero electoral que no confiaba en los políticos de siempre y que exigía cambios sistémicos era, si no mayoritaria, mucho más grande de lo que pensaba. La victoria de Donald Trump lo confirmó. En el Partido Demócrata, la vía de agua abierta por Sanders nunca se cerró. Ahora emanan de ella nuevos rostros por todo el país y un nuevo discurso.

Ese discurso solía llamarse “progresista” o de “izquierdas”. En la cultura política norteamericana, estos son términos con una carga de radicalidad. Las sucesivas victorias de candidatos de este espectro, con gran habilidad mediática, han ido normalizando ideas que en Europa se consideran pilares del sistema, pero que son ajenas al centro político de EE UU. El derecho a una sanidad universal, el refuerzo de los servicios públicos, la exigencia de un salario mínimo digno o impuestos más altos a las grandes fortunas han entrado en la conversación habitual y encuentran respaldo en millones de votantes. El término “socialista” solía ser tóxico. Hoy, políticos como la congresista Alexandria Ocasio-Cortez o el nuevo alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, lo llevan como una medalla, y ganan. Son políticos que están normalizando en EE UU algo impensable hace pocos años: un discurso socialdemócrata de corte europeo.

Hay otro factor nuevo. La barbarie cometida por el Gobierno de Benjamín Netanyahu en Gaza ha dañado el compromiso del Partido Demócrata con Israel. Las bases demócratas exigen hoy a sus candidatos en muchas partes del país que condenen la política de Israel, como hacen El-Sayed o Mamdani. Netanyahu ha roto algo profundo, con consecuencias aún imprevisibles pero inquietantes para los grupos de apoyo a Israel en EE UU.

Las elecciones del 3 de noviembre suponen la última oportunidad para ganar la mayoría en el Congreso y frenar la deriva autoritaria de Trump, quien con dos años más sin control podría demoler el sistema de separación de poderes más allá de cualquier posibilidad de reparación. Los demócratas no se pueden permitir ni un fallo.

Por ahora, El-Sayed solo ha ganado a la mitad del Partido Demócrata de Míchigan. Pero una victoria en noviembre abriría las compuertas para que las bases demócratas empiecen a confiar por todo el país en un discurso que habla a una clase media asfixiada por la desigualdad. Con El-Sayed, el nuevo izquierdismo norteamericano se pondrá a prueba por primera vez en un Estado de 10 millones de habitantes, símbolo del Medio Oeste que, habiendo sido tradicionalmente demócrata, votó por Trump dos veces. Nadie puede garantizar que sea el camino correcto. Pero es nuevo y distinto.