
Contenido de actualidad:
EL PAIS.
Nunca tantas personas han tenido un empleo en España. Y nunca entre ellas ha sido tan alto el número de extranjeros. Los datos de afiliación a la Seguridad Social de julio que el ministerio hizo públicos el martes cifran ambos récords: 22.508.065 afiliados medios, de los que 3.512.223 son extranjeros, el 15,6% del total. Las cifras oficiales comienzan a reflejar el impacto en el mercado de trabajo de la regularización extraordinaria de inmigrantes sin papeles, cuyo plazo de solicitud se extendió del 16 de abril al 30 de junio pasados. De los 1,17 millones de personas acogidas al proceso, más de 262.000 ya pueden trabajar con los mismos derechos y reconocimiento que cualquier español.
Esta regularización, como las seis anteriores puestas en marcha en los últimos 40 años, tiene ese y no otro objetivo: que cientos de miles de ciudadanos que ya contribuían con su esfuerzo a la economía y la vida en común salgan de la clandestinidad y la explotación que han sufrido y puedan legalmente ayudar a sostener un Estado de bienestar y un progreso económico que benefician a todo el país.
Resulta indudable que el fenómeno migratorio es una de las principales cuestiones que están desafiando la calidad y el desarrollo de las democracias occidentales. Una parte de la sociedad, como sucede en toda Europa, tiene legítimas inquietudes, incluso miedos, ante una acelerada transformación social. Pero precisamente por ello hay que responder a los bulos con datos, a las percepciones erróneas con certezas. Cualquier análisis serio confirma que la inmigración no ha tenido, en conjunto, efectos negativos sobre la economía o el mercado laboral. Y que el papel y el peso de los extranjeros en el crecimiento del PIB y del empleo es cada vez mayor y no tiene marcha atrás. El 47% del avance acumulado del PIB nacional solo entre 2002 y 2025 se debe a la inmigración, según el Banco de España y el centro de análisis Funcas. La España real es esta España diversa que va a ir a más, no la de la demagogia nativista. En junio, la creación de empleo foráneo superó por vez primera —en términos interanuales— a la de los españoles, un dato que no se puede entender sin la regularización extraordinaria. Los latinoamericanos afiliados a la Seguridad Social ya superan a los europeos de otros países.
España acaba de vivir en Ceuta una grave crisis fronteriza ligada a la presión migratoria, cuyos efectos políticos y sociales aún no han acabado. Pretender mezclarla con la regularización extraordinaria como han hecho dirigentes políticos dentro y fuera de nuestras fronteras solo muestra la irresponsabilidad de quienes lo hacen y cuestiona su capacidad para abordar una cuestión tan compleja como la política migratoria más allá de los embustes y las inanes consignas del nacionalpopulismo xenófobo.
















